En el Amor, nadie puede darte garantías

Muchos hombres y mujeres quedan atrapados en relaciones insatisfactorias. Relaciones que les producen sufrimiento y arruinan temporalmente sus vidas. No es raro que haya a quien le produzca cierto temor adentrarse en un terreno inhóspito no sabiendo qué consecuencias le traerá.

Hasta dónde yo sé nadie te hace un seguro de amor. No estaría de más que las aseguradoras ofreciesen ese servicio. Que estudiasen qué riesgo tienen las relaciones y qué variables influyen en la ruptura de una pareja.

En fin, el amor y la pareja sufren como un barco en mitad de la tempestad. De ti y de tu pareja depende que seáis capaces de llegar al puerto que os hayáis propuesto y que vuestra nave no naufrague.

Revisa la nave antes de partir. Pregúntate si es estable. Si ante un mar picado resistirá el envite de las olas.

No pasa el tiempo

El transcurrir del tiempo es caprichoso. Unas veces parece que vuela y otras que se estanca como el agua ante una presa.

A veces, para dos amigos, aunque no se vean, no transcurre. El afecto se congela como con un fósil. Y ahí se queda: impertérrito. Esperando el reencuentro.

Y cuando éste finalmente se da, esa es la sensación que produce: que no ha pasado el tiempo.

 

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¿Qué te gustaría que valorasen de ti?

No sólo eres guapa. Tienes otras cualidades en las que pocos reparan.

La gente valora tu elegancia, tu belleza, tu sonrisa y ese pelo tan bonito que tienes y a ti te gusta que lo hagan. Pero tú sientes que eres algo más, mucho más. Que tienes muchas cualidades que, para la mayoría, pasan inadvertidas y a ti son las que más te gustan.

No sólo eres fachada. La decoras porque te hace sentir bien, porque es tu tarjeta de visita, tu carta de presentación. Pero cada día le das menos valor a la apariencia.

Tratas de ser lo más natural posible. Dulce, pero sin azúcares, ni aditivos añadidos.

Y tan bella por dentro, como por fuera.

Sé un ratón inteligente

Vivimos sin saber bien qué motiva nuestros actos. Nos dejamos llevar sin darnos cuenta de que entramos en círculos repetitivos de los que luego no sabemos salir.

Como el ratón que corre en un rodillo, cuánto más insiste en escapar más corre y más dificultad encuentra para salir. Si se detuviese, el rodillo dejaría de dar vueltas y no le supondría ningún esfuerzo bajarse.

Cuando nuestro principal reclamo a la hora de buscar pareja es nuestra imagen, nuestro atractivo físico, ¿qué atraeremos potenciándolo? Personas que se fijen prioritariamente en el físico.

 Si hacemos alarde del dinero que manejamos o nuestra posición social, ¿qué persona se acercará?

 Si buscamos una vida familiar u hogareña, ¿tiene sentido buscar tu pareja en un bar, de madrugada?

¿Y en el gimnasio?  ¿Encontraré allí deportistas?

Revisar los patrones en los que hemos sustentado la vida no está de más de vez en cuando. Si el ratón lo hiciera, encontraría la salida enseguida.

 

 

A veces, la belleza

A veces la belleza es un balcón por el que cuesta trepar. Un regalo para los demás, que no siempre disfruta o valora quién la tiene.

A veces uno esconde la belleza detrás de un cristal, como esos valiosos objetos de los museos que no se mezclan con el resto y a cuyo lado pone escrito:  ” No tocar”.

A veces la belleza no es una puerta. Es más bien un muro que hay que escalar.

Un día puede que llegue un ladrón de guante blanco. Alguien con la suficiente habilidad como para no hacer saltar las alarmas.

Tú, que estabas tan sola, que esperabas un poco hastiada un giro en tu solitario destino.

Quizá te invite a trepar con él. Él está acostumbrado. Tú no. A ti te costará. No te entrenaron, no te entrenaste. Esperabas que te abrieran la puerta, que desenrollaran la alfombra roja.

Y ahora llega alguien proponiéndote otro destino. ¿Serás capaz de cambiar?