Gracias por electrocutarme

De igual modo que uno elige que una habitación esté iluminada o no, uno elige si deja entrar el Amor en su vida.

Es tan sencillo como apretar un interruptor y dejar paso a la corriente.

Si es que sí… la corriente iluminará nuestra vida, nuestra cara, le dará vida a nuestros ojos, a nuestra sonrisa.

Cuando alguien nos pregunte qué nos pasa le diremos que nada. Y acompañaremos ese “nada” con una sonrisa que nos delatará.

No harán falta más explicaciones: sabrá lo que ocurre.

En mi caso, tú eres la corriente que he dejado pasar. Gracias por recorrer mi cuerpo. Por electrocutarme.

Interferencias

 Os habrá pasado alguna vez que, en alguna comunicación telefónica que manteníais, se producían interferencias que os impedían escuchar bien a la persona que os hablaba.

 En las relaciones a veces ocurre algo parecido. No se entiende siempre a la persona que habla. Hay mucho “ruido” y eso provoca que uno tenga que interpretar lo que escucha, no llegando siempre a la conclusión más adecuada.

 Cuando esto ocurre, emisor y receptor no se comprenden. Lo que uno interpreta, no es lo que la otra persona ha dicho o ha querido decir.

 En estas situaciones no solemos preguntar: ¿Lo que quieres decir es que… ?”, para que la otra persona responda: “Lo que quiero decir es que…”. Sino que cada cual saca sus propias conclusiones.

 En ocasiones la comunicación es un continuo malentendido y lleva a las personas a un paulatino distanciamiento.

 Lo ideal es elegir “la mejor cobertura” cuando dos personas se sientan a hablar.

El Amor es una fuente de energía renovable

Nadie es capaz de vivir sin Amor en su vida. O nadie sería capaz, sin caer gravemente enfermo. Pero, siendo ésta una realidad incontestable, está infravalorado.

Decía una persona que vino al programa de radio: El Amor es cuestión de valentía. Y así es. Por eso, muchos prefieren mirar para otro lado. E incluso quienes tratamos de mirarlo de frente… a veces su reflejo nos ciega la vista y nos vemos obligados a retirarla como quien no mira al Sol por temor a cegarse.

Porque el Amor es una fuente de energía renovable. Siempre que sepamos mantener su “mecanismo” correctamente engrasado nos proporcionará todo lo que necesitamos: calor, bienestar, fuerza, alegría, salud…

¿Quién no querría tener este motor vital perfectamente engrasado?

El amor que quieres

Has recorrido diferentes paisajes de amor. Has probado una amplia paleta de sabores. Unos te gustaron. Otros, no.

Sabes lo que quieres y vas buscando quien pueda ofrecértelo. Quien pueda servirte el amor… como a ti te gusta.

Pero no hay escuelas de amor donde enseñen a prepararlo. Ni tiendas con un amplio surtido.

Una se acerca a un hombre guapo esperando que sea capaz de amasar con sus manos el amor que ella desea hornear en su vientre. Prepara el fuego, esperando que él haya incluido en la receta suficiente levadura… para que el amor suba y sea tierno y esponjoso.

No todos los amores saben igual, ni todos los cocineros ponen el mismo esmero.

Tú sabes bien el amor que quieres… pero no dónde encontrarlo.

A veces, se evapora

Una relación tiene etapas. Nace, crece, se reproduce y muere. Como una empresa, como un producto. Y a todas tiene uno que saber adaptarse.

Habrá momentos en los que parezca que esté muerta y haya que aplicarle descargas para devolverle la vida, como en un quirófano. Otras, parecerá una montaña rusa.

Muchos opinan que éste es el mejor momento. El de las mariposas, el de las ilusiones que vuelan como nubes sobre la cabeza y nos empujan a seguir soñando, a hacer planes con esa persona… pensando que nunca lloverá.

Pero las nubes son vapor de agua en suspensión y, como el agua, el Amor tiene también su ciclo. A veces se evapora y otras se congela. Y hay que saber esperar.

Porque… como ocurre con el ciclo de las estaciones después del Invierno llega afortunadamente la Primavera.