La Mochila de la emociones

Todos cargamos en la vida con una pesada mochila. Lo hacemos sin darnos cuenta, sin ser conscientes de que es así.

¿Por qué? Porque es invisible. Puede ser un sentimiento, una auto limitación, una enfermedad o una idea de no merecimiento.

Probablemente pienses que eso es tuyo, que no puedes vivir sin ello, que no puedes dejarlo en un lugar y seguir caminando más ligero. Pero sí puedes. Si quieres, puedes.

Pero has de darte cuenta… primero que la llevas y luego que no es tuyo, que estás cargando con algo que no te pertenece y que lo puedes soltar.

Si lo haces, inmediatamente sentirás una increíble sensación de alivio. Luego, tal vez, un sentimiento de culpabilidad porque alguien te hizo creer que debías de cargar con ello.

Te sentirás tentado/a a volverlo a coger. Pero, aunque dudes, no lo harás. Porque ya has dado el paso: el gran paso.

Bombas para el amor

Hay palabras, hechos y actitudes que son bombas de profundidad para el Amor.

Porque aunque uno se dé cuenta enseguida y pida disculpas puede no ser suficiente: nuestras palabras pueden haber causado daños estructurales graves en la relación.

Dependiendo de su gravedad, no hará falta llamar a ningún experto. Uno sabrá que lo mejor es derribar el edificio y volver a construir otro.

A ser posible en otro lugar y con otra persona.

 

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¿Qué es lo que nos une a las personas?

Desde que somos niños vamos creando una red de amigos a los que nos une cierta afinidad.

Es un hilo invisible, una fuerza que nos atrae.

Pero, ¿por qué con unos sí y con otros no? – quizá te hayas preguntado más de una ocasión -. Es sólo tirando de ese hilo que tal vez lleguemos algún día a descubrirlo.

Tampoco sabemos muy bien lo que nos une realmente a nuestra pareja. ¿Qué fue lo que nos atrajo hacia ella, lo que nos hizo elegirla y rechazar otras? ¿Fue su belleza, su atractivo, el vestido que llevaba, el coche que conducía? ¿Por qué apareció justo en ese momento?

¿Fue azar o estábamos predestinados?

 

 

Pende de un hilo

 El amor es un ser delicado. Enferma con facilidad. Es muy sensible a los cambios de tiempo y, sobretodo, de humor.

  Se queda perplejo y esto le hace asustarse. Como un niño, enseguida se pone a llorar.

- Pero… si no pasa nada – le dirán.

Y él se secará las lágrimas pensando que era el fin.

- Venga, nos damos una nueva oportunidad – tratarán de consolarle.

 Él se calmará momentáneamente no creyendo que sea del todo posible. Pues su salud pende de un hilo. Un hilo que, o sostienen dos personas, o no se sostiene.

Un globo

El amor es un globo que nos lleva hasta las nubes. La única precaución que hemos de tener es evitar que nadie nos lo pinche.

- O no pincharlo tú -dijo María oportunamente.

- Eso, María. O no pincharlo nosotros… porque es verdad que a veces somos nosotros mismos los que lo pinchamos a poco que vemos que empieza a ascender.

 

¿Será el miedo a verlo despegar? ¿El vértigo que nos producen las alturas? Verse arriba y pensar: “¿Y ahora? ¿Cómo me bajo de aquí?”

Porque una cosa es querer bajarse de un globo porque no te gustan sus colores o su modelo y otra muy distinta no querer subirse a ninguno porque con los pies en la tierra uno se siente más seguro.