El amor no es cosa de dos

Quizá debiera serlo. Sería lo normal, pensarán muchos. Pero, a no ser que vivas en una isla desierta con tu chico/a, rodeada de una profusa naturaleza, te afectará en mayor o menor medida lo que opinen los demás.

Todos tendrán una opinión, que no coincidirá necesariamente con la tuya… porque no viven ni saben lo que sientes o has sentido. Tienen su propia percepción de las cosas.

 A veces, esto impedirá que te sientas libre para hacer lo que tu cuerpo, tu mente o tu corazón te aconseje. Sus opiniones se convertirán en un muro que a veces te costará escalar y te sentirás encerrado… hasta que tú te atrevas a pensar por fin que sólo importa lo que tú sientas. Afortunadamente, no todas las opiniones tienen la misma fuerza, ni todas las personas se dejan influir. Pero está claro que hay quien deja o ha dejado que sean otros los que tomasen sus decisiones.

 En general, todos somos o hemos sido dirigidos.

 La mismísima caperucita roja fue engañada por el lobo, que le hizo creer que había un camino más corto para llegar a casa de la abuelita.

Cortocircuito

El amor es un cortocircuito que, cuando dos personas empiezan a mirarse, hace saltar los plomos.

Esta subida de tensión hará que ambos se acerquen con curiosidad para descubrir qué lo produjo
deseando también volver a sentir esa agradable sensación, para nada corriente, recorrer sus cuerpos.

 

 

Fidelidad

Cuando quieres a una persona… serle fiel no es un problema.

Has construido a su lado algo que merece la pena proteger y, cualquier tentación, no tiene fuerza suficiente para alejarte de vuestro camino.

Podrías ceder a la tentación… pero, ¿qué obtendrías a cambio? ¿Qué te puede dar otra persona en un cuarto de hora?

Si ya no quieres a tu pareja, si ya no sientes nada… ¿qué haces con ella? No es amor. Es cobardía. Ni te eres fiel a ti, ni tampoco a ella.

¿Tú con quién combinas?

Nos comportamos de manera diferente según sea la persona que se nos acerque. Algunas, sacan lo mejor de nosotros. Hay personas con los que combinamos mejor.

Pongamos el ejemplo de un cóctel: La cola y el ron dieron origen al cuba libre. Y nadie se ha quejado desde entonces, ni han pensado que formasen mala pareja. Pero a nadie se le ocurriría mezclar batido de platano con whisky. Ninguno de los dos tiene la culpa. Pero juntos, no funcionan.

Pues a algunas personas les pasa lo mismo: que no combinan.

Hay extrañas combinaciones, sin embargo, que sí funcionan. Por ejemplo, la del Submarino: cerveza y granadina. O la de la sobrasada y la miel.  Aparentemente, incompatibles… pero que hay a quien les gusta.

 

Un día precioso

  He cenado tu arroz esta noche y me ha sabido, incluso, más rico que esta mañana. Y he tomado las pastas que con tanto cariño me trajiste.

 Mañana volveré a comer arroz y volveré a saborearlo. Ahora lo dejo porque las cosas con hambre saben mejor.

  Luego, he ido a mi habitación, me he tumbado en mi cama y he buscado tu olor acercando la nariz a las sábanas. Pero se había ido. Qué pena. Me hubiese gustado dormirme abrazado a una almohada que desprendiese tu aroma.

  He estado recordando momentos de esta tarde y te he echado de menos. Ojalá quieras que volvamos a repetirlo. Ha sido un día precioso.