A los taxistas tampoco les gusta

En las grandes ciudades, los taxistas transitan esperando que un viandante levante la mano, les pare y se suba indicándoles algún destino.

  Si llevan ya alguna persona, encienden una luz roja para que nadie les moleste o distraiga llamando su atención.

  Por supuesto a ninguno se le ocurriría, cuando llevan un pasajero, detenerse para que se suba otro.

  Pero si van vacíos, encienden una luz verde y están atentos a cualquier gesto desde la acera.

  Eso sí, no les pares para una carrera corta. No les gusta. Si quieres subir, que no sea para que te lleven tres calles más allá o te dirán:

 - Pero tú… ¿de qué vas?

En el Amor ocurre algo parecido. No utilizamos luces. Pero de algún modo avisamos cuando queremos que alguien se suba a “nuestro taxi”.

¿Hay muchos corazones con coraza?

A veces decimos cosas que el otro no comprende y, dependiendo del tono de éstas, la persona que comparte nuestro espacio se aleja, se enfría y distancia.

A veces decimos cosas que alegran a quienes las oyen, que enorgullecen, que inspiran y, así, la persona con quien compartimos nuestro espacio se acerca, se acurruca en nuestro pecho y nos besa la boca.

¿Deberíamos medir las palabras, procesarlas antes de dirigirlas como misiles?

En ocasiones, no sólo las palabras alejan a nuestros seres queridos. Basta un gesto para helar un corazón.

¿Hay muchos corazones con coraza? Más de uno. La coraza la crea un corazón para no sufrir, para no recibir golpes, ni arañazos sin que nada los detenga o minimice.

Si fuéramos más cariñosos, más comprensivos, el corazón no tendría que levantar una muralla. Pero el corazón se defiende. A veces, incluso, contraataca. Muestra sus uñas hiriendo a otro corazón.

El Amor que nos conviene

Hay personas que desean profundizar en nuestro ser, compartir con nosotros un trozo grande de su vida. Un trozo creativo en el que la evolución se dé de manera progresiva en los dos cónyuges.

Personas que encuentren herramientas para cocinar los alimentos de la pasión de forma que nunca resulte monótono ni repetitivo.

Que permitan que estemos sincronizados y vivamos este amor con intensidad. Ese es el tipo de pareja que hemos de buscar, una persona que ayude a hacer de la vida una experiencia excitante.

Mi cama sigue oliendo a ti

Lo primero que he hecho al abrir la cama ha sido oler la almohada a ver si habías dejado algo tuyo en ella.

Suponía que sí. Y estaba en lo cierto. Allí estaba tu perfume. El que me ha acompañado estos dos días cuando acercaba mi nariz a tu cuello.

Esta noche dormiré agarrado a ella, con una sonrisa, pensando que no te has ido del todo. O que aunque tú no estés … mi cama sigue, al menos, oliendo a ti.

El Amor es una fuente de energía renovable

Nadie es capaz de vivir sin Amor en su vida. O nadie sería capaz, sin caer gravemente enfermo. Pero, siendo ésta una realidad incontestable, está infravalorado.

Decía una persona que vino al programa de radio: El Amor es cuestión de valentía. Y así es. Por eso, muchos prefieren mirar para otro lado. E incluso quienes tratamos de mirarlo de frente… a veces su reflejo nos ciega la vista y nos vemos obligados a retirarla como quien no mira al Sol por temor a cegarse.

Porque el Amor es una fuente de energía renovable. Siempre que sepamos mantener su “mecanismo” correctamente engrasado nos proporcionará todo lo que necesitamos: calor, bienestar, fuerza, alegría, salud…

¿Quién no querría tener este motor vital perfectamente engrasado?