¿Te gusta que tu pareja te abrace cuando veis una peli?

No me refiero en el cine. Allí las butacas no te -ni le- dejarían hacerlo. Lo más que podríais sería verla mientras apoyáis cariñosamente la cabeza en la cabeza – o el hombro- del otro.

Me refiero en vuestra casa, tumbados en el sofá, intercambiando de vez en cuando un beso.

Sí, el sofá es un gran invento. Sirve principalmente para tumbarse. Sólo o acompañado. Pero acompañado mola más.

Sí, ya sé que habrá gente que disienta, que piense que en el sofá como se está mejor es solo, sin que nadie te estorbe. Pero cuando se está a gusto con tu pareja – y así debería ser siempre- es bonito compartir los espacios de la casa: la cocina, el baño, la cama y, por supuesto, el sofá.

¿Que no es tan grande como la cama? Mejor, ¿no? Así se está más juntito de y a la persona que quieres.

La mosca y la araña

¿Cómo se sentirá la mosca, dotada por sus alas para volar, al sentir que alguien se las trata de arrancar?

Fatal. ¿A que sí?

Por eso, si un día, por casualidad, la mosca cae en una tela de araña y queda en su amor atrapada, la araña debería saber que ese animalito ha nacido para volar y que debería soltarlo antes de encariñarse demasiado. Soltarlo para que vuele, al menos, alrededor de los dominios de Don o Doña Araña.

Si Don o Doña Araña no es del todo feliz y le enfada o contraría ver a Don o Doña mosca volar, ésta última probablemente se aleje para evitar verle la cara y evitar que le alcance la onda expansiva del enfado.

Da igual quién sea la mosca y quién la araña. Todos hemos desarrollado en algún momento de nuestra vida ambos papeles.

Lo cierto es que Amar no es Poseer. Y que las moscas deberían volar con otras moscas.

La pregunta es… ¿por qué las arañas se empeñan en cazar moscas interrumpiendo con sus telas el espacio aéreo del Amor?

 

 

Personas que no se olvidan

Hay personas que se cruzan en nuestra vida, permanecen en ella durante un tiempo y a las que resulta imposible olvidar.

No es que te acuerdes de ellas todos los días. Más bien, su recuerdo te visita de vez en cuando, por sorpresa. Una tarde en la penumbra o en el sueño mientras duermes. Su imagen aparece de pronto en tu mente y te preguntas con nostalgia qué habrá sido de ellas. Porque la distancia u otras circunstancias las separaron de ti.

Son personas que, por una u otra razón, te marcaron y su recuerdo permanece en ti como una cicatriz que no se borra.

Te gustaría tener noticias suyas, tomar tal vez un café, que te contase cómo le va, qué pasó en este tiempo que no os veis.

Si dispones de una dirección donde escribirle o un teléfono al que llamarle quizá lo hagas sabiendo que él o ella tampoco te habrá podido olvidar. Pensando que probablemente él o ella también se habrá preguntado alguna vez cómo te irá, qué pasó en todo este tiempo que hace que no os veis.