El fuego de la pasión

El fuego es vida, es fuerza, intensidad. Las cenizas: fin, muerte.

El Amor, la pasión, se asemeja e identifica con un fuego ardiendo. Las cenizas, son silencio que invitan a la reflexión.

Cuando un fuego se ha apagado, nos vamos. Nadie se queda mucho tiempo a mirar las cenizas.

Habiéndonos asegurado de que el fuego se ha extinguido, allí no queda nada más que hacer.

 

 

No sólo amamos personas

Amamos también lugares, objetos, animales, melodías, sabores o, incluso, ideas. O la vida en general.

Todo lo que amamos es un reflejo de nosotros mismos. Lo vemos o sentimos y desde el primer instante capta nuestra atención. Nos atrae y cautiva. Aunque para otros pase desapercibido.

A su lado, en su compañía, nos sentimos bien. Y permanecemos por un deseo propio de estar allí.

Si nos apartamos, enseguida echamos en falta la sensación que nos proporciona. Y, por eso, nos acercamos de nuevo, atraídos por esa incomparable sensación.

No coarta nuestra libertad porque hemos sido nosotros mismos quienes hemos elegido estar allí Y no nos pone limites, ni condiciones.

Podemos dejar de amar y a nadie le importará. Podemos cambiar y nuestro objeto de deseo cambiará con nosotros. Pero nadie nos pedirá cuentas por ello… porque, si no, no sería Amor.