Como te queda a ti, no le sienta a nadie

 Buscas en el ropero un vestido. Eliges, sin duda, tu favorito. Te lo pones y te miras frente al espejo. Te ves guapísima y te viene a la memoria la tarde que lo compraste. Incluso, la tienda.

 Recuerdas el flechazo que sufriste al verlo. Que lo cogiste y te fuiste inmediatamente al probador.

- ¡Qué bonito!

 Lo que ignoras aún hoy es el número de clientas que, antes que tú, se lo probaron y lo dejaron en su percha. Quizá, si lo supieras, no lo creerías.

 Pero es que como te queda a ti, no le sienta a nadie.

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