Me ha dejado con un SMS

 La ruptura es la parte más dolorosa de una relación. Sobretodo, si ésta no se produce tras una negociación o acuerdo… sino como consecuencia de la decisión unilateral de una de las partes. Más o menos, como cuando te largan del trabajo.

 Lo normal en ese momento es pensar: “Es que, además, no me ha explicado por qué. No ha dado la cara. Ni siquiera me ha llamado. ¡No ha dicho nada! De la noche a la mañana ha cogido las maletas y se ha ido. Y, cuando menos, yo me merezco una explicación después de todo este tiempo juntos. ”

 En realidad, cualquiera desearía que se la dieran. Y cuanto más cercana a la verdad, mejor. Porque hay quien se inventa excusas para no reconocer lo que en verdad pasa. O te da largas o rodeos esperando que te canses y, un buen día, no pidas más explicaciones.

Tú podrías pensar que si te hubiese avisado con tiempo, podrías haber hecho algo. Pero si no te dan esa oportunidad, es porque no desean dártela. Ya tienen la decisión tomada. Meditada probablemente durante mucho tiempo, aunque tú lo lo supieras. Y no están dispuestos a dar marcha atrás.

 Así que, cuanto menos se hable, para ellos, mejor.

El cariño es adictivo

Cuando uno se acostumbra a los besos, las caricias y los abrazos de una persona ya no puede prescindir de ellos.

Si un día la persona que nos los suministra se ausenta temporalmente, los echaremos en falta.

El cariño es adictivo. Y, como con cualquier otra sustancia adictiva, su ausencia nos generará un síndrome de abstinencia. Quizá, sintiéndonos mal, acudamos al botiquín de primeros auxilios buscando allí algo que lo sustituya. Pero no encontraremos nada porque aún nadie ha logrado meter besos, caricias o abrazos en un frasco.

Si la ausencia de la persona no es temporal, sino definitiva… necesitaremos nuevos besos y caricias que hagan olvidar los que se fueron.

 

 

Todos tenemos un pasado

Ese chico en el que te fijas un día cualquiera por la calle siempre tendrá un pasado. Habrá vivido con otras mujeres y habrá aprendido a amar con ellas. Si llega a tus brazos es porque no le fueron bien sus intentos previos y buscará en ti el Amor que aún no abrazó.

Nadie es sustituto de nadie. Cada vez que amamos hacemos borrón y cuenta nueva.

Pero tampoco sabrá amarte si antes no aprendió a amar, equivocándose. Corrigiendo los errores cometidos.

Lo importante es que encuentre en ti lo que buscaba y que, después, ya no busquéis nada ni a nadie porque en el otro lo hayáis encontrado todo.

 

 

Compartamos alegrías

A veces la vida es más agradable junto a alguien. De hecho, entramos en una relación buscando compañía, afecto, cariñitos. Esos cariñitos que nadie más nos da, que nadie más nos puede dar o dejamos que nos dé.

Junto a esa persona quizá nos propongamos desarrollar un proyecto de futuro: tener un lugar donde vivir y prosperar, tal vez formar una familia o simplemente compartir lo que nos vaya sucediendo.

Hemos descubierto que la vida es más bonita cuando tenemos cerca un cómplice: alguien a quien contar las cosas que nos van pasando. Que sonría cuando nos ve reír y nos abrace cuando nos da por llorar. Aunque no entienda bien por qué reímos o lloramos.

A veces, llevamos un peso tan grande que buscamos alguien que nos ayude a soportarlo. Trataremos de explicarle la historia de nuestra vida para que pueda entendernos mejor.

Al principio, se ofrecerá a ayudarnos, no sabiendo bien el peso con que vamos a cargarle. Pero cada cual camina con su propia mochila y ya va lo suficientemente cargado. Por eso, no tratemos de cargar a nuestra pareja con pesos que no le corresponden. Pues puede que un día, agotado, nos diga que ya no puede más.

Liberémonos del peso nosotros mismos y, en vez de compartir tristezas, compartamos alegrías.

 

 

¿Realmente es con él con quien yo deseo estar?

Esta es una pregunta que quizá te hayas hecho alguna vez.

Primero porque el amor no siempre ofrece el mismo sabor. A veces es dulce, otras amargo. En estos momentos, tal vez te preguntes si estás realmente con quien mereces.

Si supieras dónde, irías a buscar uno mejor: el mejor de los amores posibles. Pero no hay escuelas de Amor a las que ir a esperar a la puerta un recién licenciado. Cada cual ama a su manera, con sus condicionantes. Con sus aciertos y sus errores.

Habrá quien sepa hacerlo mejor, quien tenga una habilidad innata o la haya adquirido por el camino.

La pregunta es quién, dónde está esa persona que te ayude a tocar el cielo y te ayude luego para que no te tropieces al bajar.