Amor y diamantes

El primer día que te vi, mis ojos se quedaron perplejos. Mi cuerpo, paralizado. Tú te giraste y me viste. Mirando a tus amigas, sonreíste. Quizá te preguntases en ese momento quién era ese tipo insignificante que te miraba fijamente.

Seguiste caminando y cuando te perdí de vista pensé que la Felicidad debía ser algo parecido a vivir a tu lado el resto de mi vida. Pensé que debía llamar tu atención. Subirme a una escalera, a un pedestal, iluminar mi pequeño cuerpo con un foco.

  – ¿Qué diamante busco que la deslumbre? ¿En qué montaña? ¿A qué altitud? – me pregunté.

Estaba dispuesto a todo por ti. Pensé que tú lo merecías. Subido a aquella montaña tal vez ya no te pareciera insignificante. Y eso fue lo que me propuse: atravesar el mundo, cruzar una cordillera, encontrar ese diamante. No lo hacía por mí. Lo hacía por ti. Así lo pensaba. Así entendía yo que debía demostrar mi Amor.

Luego supe que no. Que quererte exigía también un profundo respeto hacia mí. Por intensa y luminosa que fuera tu belleza, por bonita y profunda que fuera tu mirada.

Yo no soy ningún gigante. Tampoco un héroe. Y jugando a parecerlo lo único que hacía era acrecentar la distancia que te separaba de mí. Construyendo aquel mito, te engañaba. Porque, antes o después, te darías cuenta. Y el día que entenderías que no era de mí de quien te habías enamorado sentirías una profunda decepción.

Aún estoy a tiempo. Ahora sé que el Amor es distinto. Que de nada sirve disfrazarse. Que si alguien se enamora de mí sea por lo que soy realmente. Tal vez pueda un día una chica pensar que la Felicidad debe ser algo parecido a pasar a mi lado el resto de su vida.

A un tobogán

El Amor se parece a un tobogán del Parque Acuático.

En un momento, tomas la decisión de subirte pero luego sólo te deslizas. Disfrutas, si te gusta. Te relajas, te diviertes, gritas y acabas cayendo a una piscina.

Entonces, respiras, y decides si subirse otra vez o cambias de atracción. Si te ha parecido divertido, seguramente lo harás.

Si deseas vivir una experiencia distinta, cambiarás.

Repoker

A veces la vida te reparte cartas. Tú las miras e, inmediatamente, se dibuja en tus labios una sonrisa y dices:

 

- Me planto.

 

Otras veces, no. Devuelves las que no te gustan a ver si, en la próxima mano, te toca alguna mejor.