El amor no es cosa de dos

Quizá debiera serlo. Sería lo normal, pensarán muchos. Pero, a no ser que vivas en una isla desierta con tu chico/a, rodeada de una profusa naturaleza, te afectará en mayor o menor medida lo que opinen los demás.

Todos tendrán una opinión, que no coincidirá necesariamente con la tuya… porque no viven ni saben lo que sientes o has sentido. Tienen su propia percepción de las cosas.

 A veces, esto impedirá que te sientas libre para hacer lo que tu cuerpo, tu mente o tu corazón te aconseje. Sus opiniones se convertirán en un muro que a veces te costará escalar y te sentirás encerrado… hasta que tú te atrevas a pensar por fin que sólo importa lo que tú sientas. Afortunadamente, no todas las opiniones tienen la misma fuerza, ni todas las personas se dejan influir. Pero está claro que hay quien deja o ha dejado que sean otros los que tomasen sus decisiones.

 En general, todos somos o hemos sido dirigidos.

 La mismísima caperucita roja fue engañada por el lobo, que le hizo creer que había un camino más corto para llegar a casa de la abuelita.

Cortocircuito

El amor es un cortocircuito que, cuando dos personas empiezan a mirarse, hace saltar los plomos.

Esta subida de tensión hará que ambos se acerquen con curiosidad para descubrir qué lo produjo
deseando también volver a sentir esa agradable sensación, para nada corriente, recorrer sus cuerpos.