Un globo

El amor es un globo que nos lleva hasta las nubes. La única precaución que hemos de tener es evitar que nadie nos lo pinche.

- O no pincharlo tú -dijo María oportunamente.

- Eso, María. O no pincharlo nosotros… porque es verdad que a veces somos nosotros mismos los que lo pinchamos a poco que vemos que empieza a ascender.

 

¿Será el miedo a verlo despegar? ¿El vértigo que nos producen las alturas? Verse arriba y pensar: “¿Y ahora? ¿Cómo me bajo de aquí?”

Porque una cosa es querer bajarse de un globo porque no te gustan sus colores o su modelo y otra muy distinta no querer subirse a ninguno porque con los pies en la tierra uno se siente más seguro.

 

 

La llama de los sentimientos

¿Por qué queremos a unas personas y no a otras? ¿Qué es eso del querer?

Hay quien nos llama la atención a primera vista. Se produce un flechazo. El corazón nos da un brinco que pareciera que se va a salir de su sitio y nos enamoramos.

Sentimos un palpitar extrañamente acelerado. ¿Qué lo produjo? ¿¿¿Quién sabe??? Y según cómo nos respondan a ese, nuestro palpitar, el corazón puede acelerar o desacelerar su paso… e incluso no volver a alterarse al verle/a de nuevo.

Con otras personas pasa lo contrario. Cuánto más le/a conozcamos más nos gustarán y pequeños detalles serán los que acaben enamorándonos.

Somos responsables de lo que sientan otros por nosotros. Está en nuestra mano, y en nuestros labios, mantener viva la llama de los sentimientos.

Por eso, hay que soplar de vez en cuando, como con el fuego, para que se aviven.