Una nevera llena de abrazos

Si yo te pidiera que me contases un chiste… tú te detendrías un instante y me contarías de tu repertorio el mejor.

Al oírlo, yo reiría. Y te pediría otro con el deseo de que me volvieses a hacer reir. Tú buscarías en la memoria. Quizá el segundo no me causase tanta gracia; pero yo te pediría otro más.

Desgraciadamente, no hay cómico que pueda hacernos reir un día entero sin parar.

Algo parecido pasa con el hambre y la sed: bastan unos bocados o unos sorbos para poderlas saciar. Al día siguiente, no obstante, abriremos de nuevo la nevera.

También necesitamos los besos, los abrazos… y, cuando pasa un tiempo, poco, de nuevo los buscamos.

Deja un comentario