Un Angel

Anoche, tuve la suerte de hablar un rato con un ángel… antes de acostarme. Tenía una sonrisa preciosa y los ojos azules.

No siempre se tiene tanta suerte. En absoluto.

Me gustaría saber más cosas de ella, como ángel. Y… como mujer. Que de ambas cosas tiene.

Sé que no seré el único que quiera compartir su tiempo con ella. Los ángeles están muy solicitados. Tanto o más que las mujeres.

Por eso, pido poco. Nada que ella no pueda o quiera darme. Quizá, por el momento, una amistad.

 

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Regatistas

En el amor, ocurre lo mismo que en el campo de regatas. No todos los días sopla el viento –la pasión- con la misma fuerza. Y, aún así, hay que aprender a navegar en cualquier situación.

Lo que está claro es que, si dos personas persiguen la victoria – o Felicidad-, han de estar comprometidas y compenetradas. Conocerse mutuamente. Y saber, en un momento dado, suplir las carencias que puedan darse sobre la marcha.

En caso contrario, es mejor que busquen otro socio. Otro compañero de embarcación. Porque, si han equivocado la elección, no llegarán a ninguna parte. Incluso podrían hasta naufragar.

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Me conformo

Cuando éramos jóvenes y alguien nos planteaba cómo era la pareja ideal que soñábamos, decíamos:

   – Me gustaría que…

  Ahora, con cierta veteranía, la gente expresa sus deseos diciendo…

   - Me conformo con que…

   Es un matiz. Pero explica claramente que algo han bajado nuestras expectativas. Quizá las experiencias nos hayan ayudado a poner los pies en el suelo.

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Bombas para el amor

Hay palabras, hechos y actitudes que son bombas de profundidad para el Amor.

Porque aunque uno se dé cuenta enseguida y pida disculpas puede no ser suficiente: nuestras palabras pueden haber causado daños estructurales graves en la relación.

Dependiendo de su gravedad, no hará falta llamar a ningún experto. Uno sabrá que lo mejor es derribar el edificio y volver a construir otro.

A ser posible en otro lugar y con otra persona.

 

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Puertas

La vida nos ofrece puertas. A veces, pasamos delante de algunas sin reparar en ellas. No sentimos que necesitemos atravesarlas ni nadie las abre, ni nos llama, haciendo un gesto para que entremos.

Muchas de esas puertas son invisibles. Otras, simplemente, están disimuladas.

Unas son normales y corrientes. Otras, sin duda, mágicas.

En ocasiones, uno tiene la sensación de haber atravesado una. Una de estas, mágicas.

Fue por casualidad, si es que existen las casualidades. Quiero decir que, al menos, lo hicimos sin saber lo que encontraríamos dentro. Y la verdad es que, una vez allí, todo resultó ser diferente de cómo lo habíamos imaginado.

La vida es… como caer en la madriguera de Alicia: nadie sabe los misterios que encontrará en    adelante. Pero nuestro corazón es inquieto como el de ella. Así que, tras la sorpresa inicial, seguiremos investigando.