Volar

Volamos a diario, soñando y tratando de hacer los sueños realidad.

Los sueños despegan y nosotros los pilotamos. Ponemos ilusión como gasolina y si hubiera que hacer un aterrizaje forzoso -esperemos que no - llamaríamos a algún amigo o amiga, que será algo parecido a lo que es, en los aeropuertos, la torre de control.

Ellos nos guiarán para tener un aterrizaje lo más suave posible.

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No pasa el tiempo

El transcurrir del tiempo es caprichoso. Unas veces parece que vuela y otras que se estanca como el agua ante una presa.

A veces, para dos amigos, aunque no se vean, no transcurre. El afecto se congela como con un fósil. Y ahí se queda: impertérrito. Esperando el reencuentro.

Y cuando éste finalmente se da, esa es la sensación que produce: que no ha pasado el tiempo.

 

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Cada persona ama de una manera diferente

  No es malo descubrir que no existe una única manera de amar o que te amen.

 Cada cuál tiene y necesita la suya. Una forma personalizada, que se descubre paso a paso. Muchas veces, descubrimos primero cómo NO queremos que nos amen. Y lo descubrimos sobre la marcha, dentro de una relación.

 Esa decepción nos ayudará a conocernos, a elegir mejor la próxima vez. A saber qué tipo de amor o de persona se nos adapta mejor… e, incluso, por qué tipo de situaciones no estamos dispuestos a volver a pasar.

La vida, con perspectiva

Durante mucho tiempo pensé que la Felicidad no existía porque me había pasado toda la vida buscándola y no la había encontrado.

Un día, sin embargo, llegué a la conclusión de que quizá no la estaba buscando en el lugar o de la manera adecuada.

Y caí en la cuenta de que la vida hay que mirarla con perspectiva. Que esa es la única manera de saber si estamos haciendo bien las cosas.

Metafóricamente sería, como si el pintor jamás se alejase del cuadro para ver cómo le está quedando.

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La oportunidad de demostrarlo

Reconocer nuestra debilidad es un signo de fortaleza.

El que aparenta ser fuerte… sólo trata de convencer a los demás y, de paso, a sí mismo. Pero llegará el día en que algo le ocurra y tenga que admitirlo.

- Yo no soy tan fuerte como creéis – dirá a sus allegados.

Quizá, algunos que hasta entonces se apoyaban en él o ella, sacarán las fuerzas que guardaban y aceptarán ser más fuertes de lo que reconocían por cobardía o simplemente inseguridad.

Cada uno se esconde en un rol diferente. Unos van de fuertes, de líderes, de valientes. Otros simplemente se dejan llevar. Pero al final se demuestra que todos somos más o menos iguales. O que tenemos, al menos, recursos parecidos.

Sólo tiene que surgir la oportunidad de demostrarlo.