El amor que deseas

¿Cómo es el amor que deseas? No digo la persona. Sino… el amor.

 Imagínalo. Detente un segundo, antes de buscar una persona, a pensarlo. Descríbelo con palabras. Tal vez no lo hayas hecho hasta ahora. Quizá no te pareciera importante. Pero lo es.

 Describe cuales son las cualidades que necesitas. Visualízalo. Piensa cómo repercutirá un amor tan bueno… cuando llegue. Qué supondrá para ti.

  Sé sincero/a. No conmigo, ni con los demás. Sino contigo mismo/a.

 Abre la puerta. Si cuesta abrirla, si está atrancada… pregúntate por qué.  Piensa qué ha pasado hasta ahora para que el amor que deseabas no haya llegado aún.

 Quizá tú mismo/a lo hayas impedido. Quizá tú, sin darte cuenta, hayas puesto los obstáculos para que llegase. Si es así, es momento de que dejes el camino despejado… para que el amor te abrace, te envuelva y se funda contigo.

Regalarte mi corazón

-  Yo, quisiera… regalarte mi corazón.

 - ¿Por qué a mí? – quizá me preguntes – ¿Crees que yo sabré cuidarlo?

 - No lo sé. Eso no puedo saberlo aún… Te lo prestaré, como se prestan un juguete dos niños, como se prestan una falda dos amigas… confiando en que lo trates como si fuera tuyo.

  Si un día veo que lo maltratas, o lo pisoteas, iré a tu casa y te pediré que me lo devuelvas. Que he cambiado de opinión. Que he llegado a la conclusión de que no lo mereces.

 Y buscaré otra persona a quien dárselo. A quien ofrecérselo. Porque tú habrás demostrado que para ti, mi corazón o mis sentimientos, no significaban nada.

El amor es de esas cosas…

No sé si me merecía aquel regalo. Probablemente no, pero terminó en mis manos. Me la trajo mi prima María un verano que fue a Inglaterra. Al verla en el escaparate, debió pensar que me gustaría.

Al principio, me quedaba grande. Luego, año tras año, la diferencia entre mi cuerpo y la camiseta fue aminorando.

Recuerdo que se me acabó quedando pequeña. Y que mi madre, la hizo trapos…

Me tuve que resignar. Aquella camiseta ya no me servía. Pero, aún después de muchos años, la recuerdo con cariño.

 Ojalá no se me hubiera quedado pequeña. Ojalá el sol y los lavados no la hubieran desgastado.

 Hay cosas que no deberían deteriorarse con el paso de los años: el amor es una de esas cosas.

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El bote de ketchup

Encontrar al hombre o la mujer de tu vida no es como ir a un supermercado en el que, si te gusta un producto, lo coges y te lo llevas. En el Amor, el deseo y los sentimientos se tienen que dar de forma recíproca.

 Imaginaros si cuando uno fuera a hacer la compra, el bote de Ketchup dijera que no quiere irse contigo a casa. Que no le satisfaces. Que desea un comprador más al estilo George Clooney.

 Menudo chasco, ¿verdad? Bueno, pues un poco esto es lo que sucede con el Amor: a veces nos enamoramos de personas que no sienten lo mismo por nosotros.