El último obtiene el mismo premio que el primero

  No existe un momento exacto en el que nos deba llegar el primer beso o la primera experiencia amorosa. No hay que darse prisa. No porque llegue antes nos va a producir mayor satisfacción. A cada cual le llega a su debido tiempo y éste no debe adelantarse.

 No es mejor, ni peor la experiencia cuanto antes se produzca. Cada uno la vivirá de forma personal y única.

 No es una carrera a la que uno deba llegar primero. El último obtiene el mismo premio.

Echar de menos

 Echar de menos a una persona es bonito si sabes que pronto volverás a verla o a hablar con él/ella.

“Ha pasado poco tiempo desde la última vez que hablamos. Fue… esta mañana. Pero vengo buscando una señal. Volver a verte.

Soplar las ascuas de este deseo de volver a sentirte cerca. Por momentos, has desaparecido. Te he perdido de vista. Cómo quien dobla una esquina, me pregunto: “¿Donde está?” mirando a ambos lados de la calle.

Conservo, no obstante, la esperanza intacta de seguir descubriendo cómo llegaste a ser quién eres.”

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A los taxistas tampoco les gusta

En las grandes ciudades, los taxistas transitan esperando que un viandante levante la mano, les pare y se suba indicándoles algún destino.

  Si llevan ya alguna persona, encienden una luz roja para que nadie les moleste o distraiga llamando su atención.

  Por supuesto a ninguno se le ocurriría, cuando llevan un pasajero, detenerse para que se suba otro.

  Pero si van vacíos, encienden una luz verde y están atentos a cualquier gesto desde la acera.

  Eso sí, no les pares para una carrera corta. No les gusta. Si quieres subir, que no sea para que te lleven tres calles más allá o te dirán:

 - Pero tú… ¿de qué vas?

En el Amor ocurre algo parecido. No utilizamos luces. Pero de algún modo avisamos cuando queremos que alguien se suba a “nuestro taxi”.

El lado oscuro de las relaciones

 Una persona puede deslumbrarte por muchas razones. Puede que sea su belleza la que te atraiga, su inteligencia, su posición económica y sus posesiones materiales, su bondad o varias de estas a la vez.

 A la sombra de estas cualidades, no obstante, esa persona puede tener otras que no te gusten tanto y que tardes en descubrir.

 Quizá asomen una vez casados – no sería la primera vez- y pienses que te has dado cuenta de tu error demasiado tarde.

 Todas las personas tenemos luces y sombras. Las luces se detectan enseguida. Las sombras tardan algún tiempo más en mostrarse.

 Habrá quien, habiéndolas descubierto después de la boda, piense no tenga más remedio que apechugar con ellas. Cada situación es distinta. Y cada persona habrá de evaluar el tamaño y peso de las sombras y la repercusión que éstas tendrán en su vida y en su Felicidad.

Equilibrio de fuerzas

En una relación, los amantes no siempre ocupan una misma posición. A veces, se producen cambios y el equilibro se invierte. Después de un acontecimiento determinado, la tortilla puede darse la vuelta.

Suele ocurrir cuando, uno de los dos, cansado del papel que tenía, dá un golpe en la mesa y sentencia: “O las cosas cambian, o yo me voy”.

Y cambian. Vaya si cambian. Porque el otro, para evitar la pérdida, hace cualquier cosa. Incluso, cambiar.