Personas que no se olvidan

Hay personas que se cruzan en nuestra vida, permanecen en ella durante un tiempo y a las que resulta imposible olvidar.

No es que te acuerdes de ellas todos los días. Más bien, su recuerdo te visita de vez en cuando, por sorpresa. Una tarde en la penumbra o en el sueño mientras duermes. Su imagen aparece de pronto en tu mente y te preguntas con nostalgia qué habrá sido de ellas. Porque la distancia u otras circunstancias las separaron de ti.

Son personas que, por una u otra razón, te marcaron y su recuerdo permanece en ti como una cicatriz que no se borra.

Te gustaría tener noticias suyas, tomar tal vez un café, que te contase cómo le va, qué pasó en este tiempo que no os veis.

Si dispones de una dirección donde escribirle o un teléfono al que llamarle quizá lo hagas sabiendo que él o ella tampoco te habrá podido olvidar. Pensando que probablemente él o ella también se habrá preguntado alguna vez cómo te irá, qué pasó en todo este tiempo que hace que no os veis.

 

 

A veces, se evapora

Una relación tiene etapas. Nace, crece, se reproduce y muere. Como una empresa, como un producto. Y a todas tiene uno que saber adaptarse.

Habrá momentos en los que parezca que esté muerta y haya que aplicarle descargas para devolverle la vida, como en un quirófano. Otras, parecerá una montaña rusa.

Muchos opinan que éste es el mejor momento. El de las mariposas, el de las ilusiones que vuelan como nubes sobre la cabeza y nos empujan a seguir soñando, a hacer planes con esa persona… pensando que nunca lloverá.

Pero las nubes son vapor de agua en suspensión y, como el agua, el Amor tiene también su ciclo. A veces se evapora y otras se congela. Y hay que saber esperar.

Porque… como ocurre con el ciclo de las estaciones después del Invierno llega afortunadamente la Primavera.

 

 

 

Sé un ratón inteligente

Vivimos sin saber bien qué motiva nuestros actos. Nos dejamos llevar sin darnos cuenta de que entramos en círculos repetitivos de los que luego no sabemos salir.

Como el ratón que corre en un rodillo, cuánto más insiste en escapar más corre y más dificultad encuentra para salir. Si se detuviese, el rodillo dejaría de dar vueltas y no le supondría ningún esfuerzo bajarse.

Cuando nuestro principal reclamo a la hora de buscar pareja es nuestra imagen, nuestro atractivo físico, ¿qué atraeremos potenciándolo? Personas que se fijen prioritariamente en el físico.

 Si hacemos alarde del dinero que manejamos o nuestra posición social, ¿qué persona se acercará?

 Si buscamos una vida familiar u hogareña, ¿tiene sentido buscar tu pareja en un bar, de madrugada?

¿Y en el gimnasio?  ¿Encontraré allí deportistas?

Revisar los patrones en los que hemos sustentado la vida no está de más de vez en cuando. Si el ratón lo hiciera, encontraría la salida enseguida.

 

 

Pero es que… ¡es mi novia!

A veces confundimos Amor con propiedad. Y de ahí surgen los celos. Al pensar que nuestra pareja nos pertenece y que cualquier cosa que haga, incluso hablar con otro u otra, resulta una amenaza.

Esa situación nos pone en alerta. No nos gusta que nadie haga reír a nuestra pareja, que la distraiga, que la confunda. Pensamos que los sentimientos podrían girar 180 grados de pronto y despertarse en la persona que nos acompaña un deseo de conocerle mejor. Y, si le gusta, una posibilidad de que nos abandone si le gusta más de lo que le gustamos nosotros.

- ¿Podría ocurrir?

- En efecto. Podría ocurrir.

Si en ese momento, nuestra pareja gira su rostro y nos mira quizá observe en nosotros una cara que llamamos “de circunstancia”. Un rictus serio, rozando tal vez el enfado. Él o ella finalice en ese momento la conversación que mantenía y vuelva a nuestro lado con la intención de tranquilizarnos. No dirá nada, a menos que nosotros le hagamos algún comentario. En caso que le digamos algo él o ella se excusará aclarando: “Sólo estaba hablando”.

Pero quizá no lo hagamos. Quizá no demostremos nuestro enfado por temor a que eso le haga enfadar.

No debemos demostrar posesividad. Simplemente argumentaremos para darnos la razón: “Pero es que… es mi novia”. Como si eso te diera más derecho sobre ella del que ella voluntariamente quiera darte.