A veces, se evapora

Una relación tiene etapas. Nace, crece, se reproduce y muere. Como una empresa, como un producto. Y a todas tiene uno que saber adaptarse.

Habrá momentos en los que parezca que esté muerta y haya que aplicarle descargas para devolverle la vida, como en un quirófano. Otras, parecerá una montaña rusa.

Muchos opinan que éste es el mejor momento. El de las mariposas, el de las ilusiones que vuelan como nubes sobre la cabeza y nos empujan a seguir soñando, a hacer planes con esa persona… pensando que nunca lloverá.

Pero las nubes son vapor de agua en suspensión y, como el agua, el Amor tiene también su ciclo. A veces se evapora y otras se congela. Y hay que saber esperar.

Porque… como ocurre con el ciclo de las estaciones después del Invierno llega afortunadamente la Primavera.

 

 

 

Me ha dejado con un SMS

 La ruptura es la parte más dolorosa de una relación. Sobretodo, si ésta no se produce tras una negociación o acuerdo… sino como consecuencia de la decisión unilateral de una de las partes. Más o menos, como cuando te largan del trabajo.

 Lo normal en ese momento es pensar: “Es que, además, no me ha explicado por qué. No ha dado la cara. Ni siquiera me ha llamado. ¡No ha dicho nada! De la noche a la mañana ha cogido las maletas y se ha ido. Y, cuando menos, yo me merezco una explicación después de todo este tiempo juntos. ”

 En realidad, cualquiera desearía que se la dieran. Y cuanto más cercana a la verdad, mejor. Porque hay quien se inventa excusas para no reconocer lo que en verdad pasa. O te da largas o rodeos esperando que te canses y, un buen día, no pidas más explicaciones.

Tú podrías pensar que si te hubiese avisado con tiempo, podrías haber hecho algo. Pero si no te dan esa oportunidad, es porque no desean dártela. Ya tienen la decisión tomada. Meditada probablemente durante mucho tiempo, aunque tú lo lo supieras. Y no están dispuestos a dar marcha atrás.

 Así que, cuanto menos se hable, para ellos, mejor.

En paracaidas

En el amor sucede como cuando uno se sube a un avión con el deseo de lanzarse en paracaídas y luego, cuando está arriba, mira hacia abajo, le entra vértigo y se niega a saltar.

El miedo, en ese momento, es más fuerte que su deseo de vivir nuevas experiencias.

Estar preparado para amar implica estar preparado también para saltar. Haber vencido el miedo que eso supone. Y, claro, tener el paracaídas en perfecto estado.

La experiencia nos ayuda a prepararnos. Por eso un fracaso no debemos tomarlo como fracaso. Sino como una tentativa que nos acerca a la realidad. Que nos prepara para la siguiente.

 

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Cada persona ama de una manera diferente

  No es malo descubrir que no existe una única manera de amar o que te amen.

 Cada cuál tiene y necesita la suya. Una forma personalizada, que se descubre paso a paso. Muchas veces, descubrimos primero cómo NO queremos que nos amen. Y lo descubrimos sobre la marcha, dentro de una relación.

 Esa decepción nos ayudará a conocernos, a elegir mejor la próxima vez. A saber qué tipo de amor o de persona se nos adapta mejor… e, incluso, por qué tipo de situaciones no estamos dispuestos a volver a pasar.

El fuego de la pasión

El fuego es vida, es fuerza, intensidad. Las cenizas: fin, muerte.

El Amor, la pasión, se asemeja e identifica con un fuego ardiendo. Las cenizas, son silencio que invitan a la reflexión.

Cuando un fuego se ha apagado, nos vamos. Nadie se queda mucho tiempo a mirar las cenizas.

Habiéndonos asegurado de que el fuego se ha extinguido, allí no queda nada más que hacer.