Somos un jardín

Todo el mundo pasa por momentos de pérdida de fe en el amor. Depende de cómo se hayan comportado las personas a quienes decidimos confiar nuestro corazón.

Yo creo que tenemos que conocer nuestra naturaleza… como el jardinero aprende qué necesita cada planta. Cuánta luz, cuánta agua, qué clase de abono con el que alimentarlo o la tierra en la que hundir la semilla.

Si entiendes que el amor es algo parecido… la próxima vez que te enamores, sabrás elegir mejor el jardinero.

El hombre o la mujer que cuide de nosotros, que somos su jardín.

Nosotros no ponemos las reglas

Las reglas del Amor están impresas en el tiempo, en la vida, en la naturaleza del ser humano.

No las ponemos nosotros. Más bien, nos hemos de adaptar a ellas. Conocerlas, comprenderlas.

La vida se ocupa, poco a poco, de enseñárnoslas. Pero no todo el mundo las entiende.

A veces parece que el Amor nos rechazara, que se mostrase esquivo y no entendemos por qué. ¿Qué hemos hecho nosotros para merecerlo?

El Amor es como una colina nevada por la que uno se desliza. La pendiente de una montaña que se asciende. No se hace cumbre sin haberlo intentado varias veces. Y tiene, como descubre el alpinista y el amante, sus propios secretos que sólo durante la ascensión se logran aprender.

El amor que deseas

¿Cómo es el amor que deseas? No digo la persona. Sino… el amor.

 Imagínalo. Detente un segundo, antes de buscar una persona, a pensarlo. Descríbelo con palabras. Tal vez no lo hayas hecho hasta ahora. Quizá no te pareciera importante. Pero lo es.

 Describe cuales son las cualidades que necesitas. Visualízalo. Piensa cómo repercutirá un amor tan bueno… cuando llegue. Qué supondrá para ti.

  Sé sincero/a. No conmigo, ni con los demás. Sino contigo mismo/a.

 Abre la puerta. Si cuesta abrirla, si está atrancada… pregúntate por qué.  Piensa qué ha pasado hasta ahora para que el amor que deseabas no haya llegado aún.

 Quizá tú mismo/a lo hayas impedido. Quizá tú, sin darte cuenta, hayas puesto los obstáculos para que llegase. Si es así, es momento de que dejes el camino despejado… para que el amor te abrace, te envuelva y se funda contigo.

Gracias por electrocutarme

De igual modo que uno elige que una habitación esté iluminada o no, uno elige si deja entrar el Amor en su vida.

Es tan sencillo como apretar un interruptor y dejar paso a la corriente.

Si es que sí… la corriente iluminará nuestra vida, nuestra cara, le dará vida a nuestros ojos, a nuestra sonrisa.

Cuando alguien nos pregunte qué nos pasa le diremos que nada. Y acompañaremos ese “nada” con una sonrisa que nos delatará.

No harán falta más explicaciones: sabrá lo que ocurre.

En mi caso, tú eres la corriente que he dejado pasar. Gracias por recorrer mi cuerpo. Por electrocutarme.

El amor que quieres

Has recorrido diferentes paisajes de amor. Has probado una amplia paleta de sabores. Unos te gustaron. Otros, no.

Sabes lo que quieres y vas buscando quien pueda ofrecértelo. Quien pueda servirte el amor… como a ti te gusta.

Pero no hay escuelas de amor donde enseñen a prepararlo. Ni tiendas con un amplio surtido.

Una se acerca a un hombre guapo esperando que sea capaz de amasar con sus manos el amor que ella desea hornear en su vientre. Prepara el fuego, esperando que él haya incluido en la receta suficiente levadura… para que el amor suba y sea tierno y esponjoso.

No todos los amores saben igual, ni todos los cocineros ponen el mismo esmero.

Tú sabes bien el amor que quieres… pero no dónde encontrarlo.