Como en una etapa del Tour de Francia.

Hay muchas etapas dentro de una relación. Momentos distintos. Como en una etapa del Tour de Francia.

A veces hay cuestas o repechos en los que el ciclista se pone de pie sobre la bicicleta y otras veces descensos que uno hace sin pedalear. Dejándose simplemente caer. Otras veces habrá llanos y, por supuesto, zonas de avituallamiento en las que reponer fuerzas.

También se podrá en un momento determinado pinchar una rueda o tal vez se forme un abanico en el que alguno se quede, debido a la acción del viento, rezagado y pierda minutos con respecto a la tete de la course o cabeza de carrera.

No podemos pensar, cuando uno se sube a una relación que todo será coser y cantar, que no llueve sobre la bicicleta o no se pasa calor y frío en determinados momentos.

Sin embargo, para los ciclistas eso no es obstáculo. Porque el objetivo, la promesa que ansían es la meta y el beso en el podium.

No me importa si me dices que no

Tú sigues pensando que yo no soy tu hombre, ¿verdad?

Que no estamos predestinados a pasar la vida juntos. A este respecto, no has cambiado de opinión, ¿verdad?

¿Sabes? Es que yo pienso que la distancia que nos separa es demasiado grande.

Y no sólo por el mero hecho de no ser pareja, o no poder llegar a serlo.

Es que hay tantas cosas que me gustaría hablar contigo y para las que no encuentro el momento o la ocasión, que no sé si no se da la ocasión porque no se tiene que dar o porque no doy los pasos necesarios para que se de.

Nuestras conversaciones se reducen a lo cotidiano cuando por casualidad nos encontramos por la calle, cuando a mí lo que me gustaría es decirte lo que por ti siento y no me atrevo o no encuentro el momento oportuno.

Siento que hay un muro invisible que nos separa y no sé si saltarlo o quedarme tras él con cara de tonto viendo cómo pasa el tiempo y no hago nada.

Ya no me importa si me dices que no, que lo que por ti siento no es correspondido. Lo que no quiero dejar es pasar la oportunidad de preguntártelo una vez más y zanjar la cuestión o seguir viviendo la esperanza idiota del que piensa que quizá un día te levantes y hayas cambiado de opinión… cuando ésta es una de esas pocas cosas sobre las que tienes certeza que nunca ocurrirá.

Bombas para el amor

Hay palabras, hechos y actitudes que son bombas de profundidad para el Amor.

Porque aunque uno se dé cuenta enseguida y pida disculpas puede no ser suficiente: nuestras palabras pueden haber causado daños estructurales graves en la relación.

Dependiendo de su gravedad, no hará falta llamar a ningún experto. Uno sabrá que lo mejor es derribar el edificio y volver a construir otro.

A ser posible en otro lugar y con otra persona.

 

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Volar

Volamos a diario, soñando y tratando de hacer los sueños realidad.

Los sueños despegan y nosotros los pilotamos. Ponemos ilusión como gasolina y si hubiera que hacer un aterrizaje forzoso -esperemos que no - llamaríamos a algún amigo o amiga, que será algo parecido a lo que es, en los aeropuertos, la torre de control.

Ellos nos guiarán para tener un aterrizaje lo más suave posible.

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Una nevera llena de abrazos

Si yo te pidiera que me contases un chiste… tú te detendrías un instante y me contarías de tu repertorio el mejor.

Al oírlo, yo reiría. Y te pediría otro con el deseo de que me volvieses a hacer reir. Tú buscarías en la memoria. Quizá el segundo no me causase tanta gracia; pero yo te pediría otro más.

Desgraciadamente, no hay cómico que pueda hacernos reir un día entero sin parar.

Algo parecido pasa con el hambre y la sed: bastan unos bocados o unos sorbos para poderlas saciar. Al día siguiente, no obstante, abriremos de nuevo la nevera.

También necesitamos los besos, los abrazos… y, cuando pasa un tiempo, poco, de nuevo los buscamos.